Características
clínicas
Desafortunadamente el diagnóstico clínico del TEV es difícil
debido a que muchas veces los síntomas son muy vagos o poco específicos.
En el caso de la TVP sólo podemos confiar en nuestro juicio clínico
cuando estamos en presencia de una trombosis ileo-femoral, observando entonces
el cuadro clínico de la "Flegmasia Cerulea Dolens", de lo contrario
la presencia de trombosis venosa profunda pasa desapercibidamente o erróneamente,
pensamos en su existencia cuando esta no existe.
Igualmente, si bien la presencia
de disnea súbita y dolor pleural se han descrito hasta en el 97 % de
los casos de EP, la especificidad es muy pobre debido a que en otras patologías
cardiotorácicas estos síntomas pueden estar presentes. En un estudio
realizado por A. Palla et al (1). Reportan que de 290 casos estudiados prospectivamente
en un año por presentar disnea súbita y dolor torácico,
sólo el 52 % presentó EP confirmado. Los signos son igualmente
poco específicos; los más frecuentes son: taquicardia, taquipnea,
fiebre y aumento del componente pulmonar del segundo ruido. Esto explica el
porque el UPET excluyó mas del 60% de los 2000 pacientes que originalmente
entraron en dicho protocolo. En consecuencia, debemos descartar cualquier otra
patología que remede TEV, razón por la que después de un
examen físico meticuloso ordenamos los exámenes paraclínicos
para confirmar y/o descartar TEV (3).
Exámenes de laboratorio (análisis de gases arteriales, hematología,
enzimas cardíacas), RX del tórax y ECG, en unión al los
datos obtenidos en el examen físico nos sirven inicialmente para descartar
la presencia de neumotórax, neumonía, asma bronquial, insuficiencia
cardíaca, cardiopatía isquémica aguda, aspiración
de cuerpo extraño o colapso circulatorio secundario a taponamiento cardíaco.
Una vez descartadas las patologías antes mencionadas, posiblemente estamos
siguiendo la dirección correcta para el diagnóstico de TEV.
La presencia de disnea, síncope o cianosis con distensión de las
venas yugulares en un paciente previamente sano, nos habla a favor de un embolismo
pulmonar masivo, lo mismo si encontramos evidencias de disfunción ventricular
derecha.
Usualmente existe hipoxemia arterial sin retención de CO2 (sensibilidad
del 97%). Los cambios del ECG son inespecíficos, documentándose
más frecuentemente taquicardia sinusal e inversión de onda T ve
V1 a V4 y sólo observamos el patrón S1Q3T3 cuando hay sobrecarga
sistólica al VD. Sin embargo, muy ocasionalmente podemos ver evidencias
de isquemia y lesión en derivaciones inferiores y VD debido a la distensión
de las paredes del VD, secundaria al aumento de postcarga y a la disminución
de la perfusión coronaria debido a la hipotensión concomitante
(2).
La RXT además de ayudarnos en el diagnóstico diferencial, puede
aportarnos evidencias a favor de TEV. En un 30 % el estudio es normal, luego
podemos también observar en el mismo porcentaje, elevación del
hemidiafragma del lado más afectado, lo que se traduce en pérdida
de volumen que acompaña al EP. Hay otros signos como el de Westermark
(oligoemia), joroba de Hamptom (densidad en cuña por encima del diafragma)
o el signo de Palla (agrandamiento de la arteria pulmonar derecha); también
se puede observar una opacidad triangular periférica y derrame pleural
pequeño cuando hay infarto pulmonar.
Con las evidencias antes descritas podemos dividir las probabilidades clínicas
para EP en altas (80 al 100%), intermedias (20 a 79%) y bajas (1 a 19%). Los
pacientes con factor de riesgo para EP, signos clínicos presentes, hipoxemia
y hallazgos a la RXT, que no son explicados por otro diagnóstico, tienen
una alta probabilidad para EP. Aquellos pacientes con ausencia de factores de
riesgo y con hallazgos clínicos y radiológicos que pueden ser
explicados con otro diagnóstico, tienen una baja probabilidad para EP
(1-5).

El gammagrama
pulmonar de perfusión tiene una excelente sensibilidad en presencia de
EP, por lo que un patrón de perfusión normal prácticamente
descarta su presencia. Ante la sospecha clínica de TEV, el gammagrama
de perfusión muestra una prevalencia diagnóstica de aproximadamente
30%. Cuando lo combinamos con un gammagrama de ventilación aumentamos
significativamente la especificidad del procedimiento, siendo necesario encontrar
desacoplamiento de áreas ventiladas y prefundidas de patrón segmentario
(grandes). Sin embargo, esto se encuentra sólo en menos del 40% de los
EP estudiados en el estudio PIOPED. La combinación de los hallazgos gammagráficos
(bien sean de perfusión o V/Q) con los criterios de sospecha clínica,
como lo demuestran el PISA-PED y el PIOPED conducen a un valor predictivo positivo
del 96 al 100% en presencia gammagrama de alta probabilidad con alta probabilidad
clínica. La figura Nº 1 muestra un defecto de perfusión que
anatómicamente corresponde al lóbulo medio (pulmón derecho)
en un paciente con alta probabilidades para TEV. Por otro lado, cuando la combinación
es de baja probabilidad clínica y gammagráfica, el valor predictivo
positivo es 4%. En el caso de gammagrama de probabilidad intermedia, el valor
predictivo positivo varía entre 16% con sospecha clínica baja
y 66% con sospecha clínica alta (6-7).
La determinación de Dímero-D se ha utilizado para el diagnóstico
de TEV, principalmente cuando se asocia a un estudio ultrasonográfico
positivo para trombosis venosa. No obstante, debemos tener mucho cuidado, debido
a que también es positivo cuando otras patologías están
presentes (cirugía reciente, traumatismo, IM). De las técnicas
utilizadas para su determinación, ELISA es superior al la de látex.
Un valor menor de 500 (valor normal hasta 250) tiene un valor predictivo negativo
del 94% (8-9).
Documentar la presencia de trombosis venosa profunda es de gran ayuda, ya que
al tratarse del mismo proceso patológico podemos proceder al tratamiento
con anticoagulantes, que es la piedra angular en el manejo del TEV, y no proseguir
en la comprobación diagnóstica. Todavía la prueba de oro
para el diagnóstico de la TVP es la venografía convencional, que
documenta la presencia del trombo en la luz venosa. Sin embargo, el desarrollo
de métodos no invasivos ha permitido el diagnóstico en gran número
de casos y con menos morbilidad. Dentro de estos métodos podemos mencionar
la pletismografía por impedancia eléctrica que tiene menos sensibilidad
que el estudio ultrasonográfico duplex del sistema venoso de miembros
inferiores para diagnosticar la presencia de trombos proximales en el sistema
venoso profundo al documentar la no colapsabilidad de las venas afectadas. Recientemente
se ha utilizado la RMN para el diagnóstico de TVP, demostrándose
una sensibilidad del 95 al 100% en las trombosis de las venas de la pelvis y
muslo con una especificidad similar. Sin embargo, los estudios publicados sólo
reportan un número pequeño de pacientes (9).
La ecocardiografía también ha sido de utilidad en el diagnóstico
y manejo del TEV. El estudio transtorácico nos permite documentar la
presión sistólica arterial pulmonar, cuando se documenta la presencia
de regurgitación tricuspidea utilizando doppler continuo (figura Nº
2), lo que permite además evaluar la respuesta al tratamiento (10). También
podemos documentar dilatación del VD o alteraciones contráctiles
regionales del VD (hasta un 40% de los pacientes con EP han presentado anormalidades
del VD), lo que representa una información de gran utilidad para tomar
conductas terapéuticas, pues este subgrupo de pacientes parece beneficiarse
mejor del uso de fibrinolíticos. La ecocardiografía transesofágica
permite documentar la presencia de trombo en el tronco de la arteria pulmonar
y ramas principales, especialmente la derecha, además de documentar las
anormalidades del VD (10-11). Esta técnica ha permitido identificar émbolo
en tránsito a través de las cavidades derechas.
La tomografía axial computarizada (TAC) helicoidal con contraste ha sido
de utilidad para el diagnóstico de émbolos centrales y segmentarios.
Su sensibilidad ha aumentado con la utilización de cortes de 2 mm. Se
han reportado estudios que revelan una sensibilidad de 83%, una especificidad
de 94% con valor predictivo positivo de 91% y valor predictivo negativo de 88%.
La figura N° 2 muestra un Doppler continuo de regurgitación tricuspídea
que permite medir la presión sistólica pulmonar en un paciente
con sospecha de Embolismo Pulmonar.

Indudablemente, este procedimiento diagnóstico ha obtenido gran popularidad recientemente para el diagnóstico de TEV. La RMN asociada a la administración de gadolineo como medio de contraste ha permitido diagnosticar EP, con una alta sensibilidad y especificidad. Sin embargo, sólo hay pocos estudios publicados y el paciente debe permanecer en el resonador durante un tiempo sin asistencia médica directa, lo que limita su aplicación en un paciente crítico. La figura número 3 muestra claramente la presencia de un émbolo a nivel de la arteria pulmonar derecha (12-13).

La flecha muestra la presencia del émbolo pulmonar localizado en la arteria pulmonar derecha.
El EP masivo
es definido como inestabilidad hemodinámica, que mediante el porcentaje
de obstrucción del lecho arterial pulmonar, es un síndrome de
asociado a gran mortalidad. Fisiopatológicamente, consiste en una oclusión
aguda y significativa del lecho vascular pulmonar, que conduce a una elevación
súbita de la presión arterial pulmonar y a una falla del VD. Estos
pacientes tienen hipotensión, hipoxemia importante e hipoperfusión
tisular. El porcentaje de obstrucción vascular pulmonar requerida para
conducir a esta inestabilidad hemodinámica depende de la condición
cardiopulmonar preexistente (15).
Se observa Infarto Pulmonar en sólo un 20% de los pacientes con EP, pues
el parénquima pulmonar tiene acceso al O2 por diferentes vías,
lo que le permite seguir viable hasta que se reestablezca la circulación
pulmonar mediante la fibrinolisis (endógena o exógena), y sólo
cuando hay anormalidades preexistentes del parénquima el infarto se manifiesta.
La prueba diagnóstica de oro para el EP es la arteriografía pulmonar,
sin embargo con las posibilidades diagnósticas imagenológicas
antes mencionadas, este procedimiento diagnóstico se ha relegado a aquellos
pacientes con probabilidades intermedias para TEV en la gammagrafía pulmonar
en quienes necesitamos justificar anticoagulación como tratamiento del
problema. Igualmente, se utiliza en aquellos pacientes que tienen alto riesgo
para la anticoagulación, por lo que es necesario la confirmación
arteriográfica antes de continuar el tratamiento, este procedimiento
diagnóstico también es recomendado en pacientes que van a ser
sometidos a tratamiento fibrinolítico, aunque la presencia de un estudio
de alta probabilidad asociado a alteraciones ecocardiográficas del VD
y/o síndrome de bajo gasto, justifica la fibrinolisis (2).