Arribo a Suramérica

En una década signada por la culminación del régimen dictatorial del General Juan Vicente Gómez, llega a Venezuela en 1930, acompañada de sus padres y su hermana menor, una joven de 16 años llamada Lya Imber.

Eran tiempos caracterizados por el nacimiento del auge petrolero, situación que ubicó a Venezuela como el segundo mayor productor de este recurso, después de Estados Unidos. Época también en la que empezaba a perder importancia un gran número de actividades provenientes de la agricultura, principal motor económico del país para ese entonces. Es en este contexto, en el que Ana Baru de Imber y Naum Imber, junto a sus dos hijas, Lya y Sofía, luego de partir de Europa Oriental, llegan a Venezuela donde comienzan una nueva vida en el poblado de La Victoria, estado Aragua.

En una entrevista realizada a la madre de Lya en 1964, en la cual fue interrogada acerca de las causas que motivaron a la familia Imber venir a Sudamérica, ésta respondió:

"Nada había contra nosotros especialmente, pero la atmósfera política (en la ex U.R.S.S.) estaba pesada. Todos los días cambiaban de generales y de jefes. De América se hablaba como de una tierra de promisión, especie de paraíso con muchas flores y muchas aves multicolores, donde la gente podía vivir tranquila" (1).

Descendiente de una familia de intelectuales - entre ellos su bisabuelo, el filósofo ruso Mikel Mienkaf- Lya empieza a cultivar su interés social y altruista, hacia el camino de la ciencia, especialmente hacia la salud.

Al poco tiempo de su llegada, decide estudiar la carrera de Medicina en la Universidad Central de Venezuela. Gracias a la ayuda de quien fuera ministro de Sanidad, Edmundo Fernández y el primer reumatólogo venezolano Alberto Roque Fernández, pudo trasladarse hasta la capital, donde emprendería una nueva vida social y académica. Paralelo a su actividad como estudiante, obtuvo algunos ingresos económicos gracias a sus prácticas de enfermería, inyectando a pacientes a domicilio e impartiendo clases de francés.

Sin embargo, y pese a la colaboración de algunos allegados, la joven Lya afrontó el reto de tolerar una sociedad llena de prejuicios, especialmente los que surgían dentro de una Facultad, a veces hostil y liderada por hombres. "No muy acogedoras eran algunas de aquellas aulas donde ochenta y dos estudiantes varones y una estudiante mujer tendrían que soportar mutuamente la vida en común, desde la salida del sol hasta la medianoche. Algunos profesores - que la doctora se resiste a nombrar- se complacían en dificultar más el ambiente, hablándole como a soldados a la concurrencia, en presencia de Lya Imber" (2).

Durante el transcurso de su vida como estudiante, dedicó parte de su tiempo a actividades como la asistencia en las consultas de pediatría del doctor Gustavo Machado, desde 1935 hasta 1937. Igualmente, realizó trabajos en el laboratorio del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, durante el período 1935-1940, laboró en el Interno de la Consulta Externa de Pediatría del Hospital Vargas (1935-1936), y un año después, ejerció actividades en el Interno del Hospital Vargas, de la primera consulta de Pediatría que funcionó en el Hospital de Niños de Caracas, a cargo del Doctor Gustavo Machado.

En 1938, Lya Imber contrae nupcias con quien fuera su compañero de clases y colega, el cirujano Fernando Rubén Coronil. Más adelante, Fernando y María Elena serían el producto de esa unión.

Durante los años que precedían la década de los cuarenta, aún el estudio y los avances en materia de pediatría y puericultura eran muy incipientes. No existían centros de salud especializados en la atención al niño, que pudieran suplir las necesidades médicas de la población infantil. El 2 de febrero de 1937, un grupo de médicos fundan el Hospital Municipal de Niños "Dr. José Manuel de los Ríos", entre ellos destacan los doctores: Gustavo Machado, Pastor Oropeza, Guillermo Hernández Zozaya, Ernesto Vizarrondo, Julio Murzi D´Alta , Simón Gómez Malaret y Lya Imber, entre otros. Más adelante, y ante la imperiosa necesidad de formar profesionales de la salud, esta institución médica se convierte en sede de la Escuela de Enfermeras, de los cursos de Post-grado, de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría y de la Sociedad Médica del Hospital de Niños "J. M. de los Ríos".