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El trauma
y la transferencia psicótica: flexibilización de la técnica
y adaptación activa
A partir de 1919, Ferenczi emprende un cuestionamiento de la técnica psicoanalítica. Finalmente, retomará la teoría del trauma, denunciando la hipocresía del analista en un texto ya clásico de 1932: "Confusión de lengua entre los adultos y el niño".
Durante esos años se sucederán distintos experimentos como la técnica activa, el análisis mutuo y el concepto de flexibilización de la técnica.
A pesar de sus contraindicaciones, la técnica activa había permitido a Ferenczi conocer las reacciones más primitivas de sus pacientes: la compulsión a la repetición activada por el trauma temprano que entraba en resonancia con la contratransferencia del analista. Su principal preocupación era saber hasta qué punto el analista debía responder a las necesidades del paciente. Era necesario entonces revisar la contratransferencia y a la vez modular las intervenciones activas de más rígidas y directivas a más afectivas y comprensivas.
A partir de allí cuestionó la regla de abstinencia, proponiendo la elasticidad de la técnica psicoanalítica. Su dialéctica fue planteada entre la pasividad benevolente de la técnica freudiana y la actividad guiada por la simpatía. Su conclusión fue que la reactivación de los traumas infantiles en la situación analítica permanecía incurable, si el analista no era capaz de modificar su fría y objetiva contratransferencia, al aparecer la compulsión de repetición. Sostiene que en esos momentos el paciente espera y precisa del analista la actitud de un adulto afectuoso hacia un niño sufriente. Pero, así como en su historia traumática, los adultos no habían podido hacerse cargo de su responsabilidad en el dolor causado al niño, el analista insensible, escudado en la regla de abstinencia, se desentendía de su participación en el dolor actual del paciente, repitiendo la situación infantil.
Tomando
en cuenta que esta regresión inevitable, activada y favorecida por el
análisis, volvía a colocar al paciente en una situación
de dependencia, Ferenczi llegó a considerar que ese era el momento de
dar satisfacción a ciertas necesidades del paciente. En caso contrario
la supuesta objetividad y frialdad del analista serían vivenciadas como
una repetición del desamor de los adultos.
Del mismo modo la falta de sinceridad del analista respecto de sus sentimientos hostiles hacia el paciente repetía la hipocresía de los adultos hacia el niño. Esta preocupación se halla muy próxima de los desarrollos winnicottianos respecto del odio en la contratransferencia.
La polémica iniciada por Ferenczi queda abierta hasta la actualidad y será retomada por distintos autores. ¿Qué tipo de satisfacciones son necesarias en el análisis más allá de la función interpretativa? ¿Cómo expresar y transmitir al paciente los sentimientos contratransferenciales?
Con el concepto de elasticidad
de la técnica, Ferenczi se preocupa por modular satisfacción y
frustración, interpretación y afecto, tensión y relajación,
actividad y pasividad, de acuerdo a la fortaleza de la estructura del yo del
paciente y la calidad de los traumas experimentados.
Esto nos acerca al concepto de adaptación activa creado por Winnicott y que desarrollaré a continuación.
Uno
de los principales aportes de D. W. Winnicott a la teoría de la técnica
será el significado y uso terapéutico del encuadre y sus variables.
Este ofrecería al paciente la oportunidad para dejar en suspenso las
deformaciones defensivas del yo, volver a estados de menor integración,
a partir de allí entrar en contacto con los traumas primitivos, y lograr
una nueva calidad de integración psíquica. Sostiene que en las
patologías graves, el mantenimiento del encuadre es más importante
que las interpretaciones.
Para esto planteará la idea del encuadre como entorno estable pero no inmutable y lo definirá como una adaptación activa en concordancia con el grado y tipo de regresión del paciente. Este no deberá establecerse de una vez y para siempre, sino de un modo dinámico, en función del grado de regresión a la dependencia que el paciente presenta en cada momento o del grado de despliegue de sus capacidades simbólicas que le permiten recorrer más adecuadamente el espacio analítico.
Desde la misma perspectiva se referirá a la transferencia, y dirá que trabaja con la transferencia neurótica y con la transferencia psicótica tanto de los pacientes psicóticos como de los pacientes neuróticos. Oscila de analizar en cada paciente la transferencia neurótica que remite a las relaciones objetales infantiles y la transferencia psicótica que deriva del fallo ambiental. En el análisis de estas fases, el yo no está instaurado como unidad y la dependencia es extrema.
Indicará, a partir de esto, que cuando aparecen la transferencia psicótica y las necesidades primitivas, la función analítica es la adaptación activa del holding a través de cambios en el encuadre; en tanto que al aparecer la transferencia neurótica acompañada de deseos y fantasías, la función del análisis es la interpretación.
A partir de la regla de abstinencia postulada por Freud, resulta claro para cualquier analista, que los deseos y fantasías, como expresión del mundo pulsional, no deben ser satisfechos. Pero aquí Winnicott utilizará el concepto de necesidades del yo, considerando que cuando surgen dramáticamente las necesidades yoicas, de confianza, estabilidad y sostenimiento, sí deben ser tomadas en cuenta y requieren de una respuesta adaptativa del analista.
Lo
importante es que más allá de los intentos del analista, éste
estará expuesto a fracasos en la adaptación en muchos momentos
del tratamiento. Son estos fallos acotados y dosificados los que permiten al
paciente revivir en la transferencia, experiencias próximas al derrumbe
originario que se produjo con el fallo ambiental temprano.
Este es el punto quizá más polémico y sorprendente del postulado winnicottiano. Un análisis que se juega entre un encuadre y una interpretación como fondo y figura, y donde en ciertos momentos del análisis se trabajará desde los movimientos del encuadre ya que el paciente se halla en una regresión a la dependencia y en una transferencia psicótica, y en otros momentos se trabajará con la interpretación dado que el paciente funciona con un self integrado, en una transferencia neurótica, y se puede trabajar con los contenidos psíquicos. Y afirma: el analista, por momentos, funciona como parte del holding y en otros momentos se destaca como objeto, objetivable por el paciente y desde ese lugar puede interpretar.
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