Los sueños y su explicación en la psiquiatría contemporánea

Los datos relativos tanto a la mente como al cerebro durante el fenómeno del sueño, en la actualidad parecen poder aportar datos valiosos en el problema mente-cerebro (Reiser, 2000). Esta explicación puede ser producto de la neurobiología, el psicoanálisis y la psicología clínica. El psicoanálisis tiene acceso a aspectos muy particulares, de carácter muy personal, muchas veces no conocidos para 'el soñante' que no son accesibles a los métodos biológicos de investigación. Así, el psicoanálisis aporta su método de abordaje en el que la persona soñante parece conjugar aspectos de su pasado con los de la vida cotidiana y esto pone de manifiesto las interrelaciones entre memoria, emoción e imagen onírica.

Para Reiser la emoción es una parte prominente de la experiencia del sueño y juega un papel importante tanto en generar el sueño como en darle forma, siendo que la emoción, pertenece tanto a lo mental como a las manifestaciones corporales fisiológicas, proporciona una oportunidad para el estudio por ambos métodos. Tambien hay evidencias que indican que el sueño juega un papel significativo en la función de la memoria y que se manifiesta en el contenido del sueño, particularmente en sus imágenes.

Reiser (2000) propone que cada persona posee dentro de su sistema mente/cerebro una red de memorias codificadas por imágenes que fueron percibidas durante experiencias emocionales significativas. Tales imágenes, y las memorias que codifican, son asociativamente vinculadas con un potencial igual compartido para evocar complejos de emoción idénticos o similares.

Estas redes están organizadas alrededor de imágenes centrales o partes de imágenes que codifican las memorias de los eventos tempranos que fueron experimentados con una alta emocionalidad en la infancia, algunas veces hasta como experiencias cataclísmicas.

En la medida que el desarrollo prosigue, esta red se extiende, con relación a que los eventos posteriores evocan conflictos similares o estados emocionales similares. Las imágenes codificadas que se conectan potente y cercanamente con muchas otras en la red son los puntos nodales en las redes de memoria de la mente/cerebro.

Los afectos serían los organizadores de esta red, llevando a las asociaciones que conectan las imágenes codificadas tempranamente y las memorias dolorosas. Los circuitos corticolímbicos que subyacen a las redes de memoria neural podrían ser el sustrato para los mecanismos que se refieren a las redes de memoria nodal en la mente.

La disponibilidad de las nuevas técnicas de imagen, así como la sofisticación de las técnicas psicológicas cognitivas, hacen a los sueños un aspecto ideal para la exploración de la relación entre mente y cerebro.

Explicación multifactorial para la aparición de trastornos mentales

En algunos casos de trastornos mentales, en los que ha sido posible analizar rigurosamente la persistencia de cambios en el funcionamiento mental, se ha demostrado que esas alteraciones funcionales involucran la expresión genética (Kandel, 1998). De esta manera, en el estudio de cambios específicos subyacentes a estados mentales persistentes, tanto normales como también patológicos, se debería también observar la alteración de la expresión genética. Como se sabe, la susceptibilidad de presentar enfermedades psiquiátricas mayores (esquizofrenia y trastorno afectivo bipolar) es hereditaria. Estas enfermedades, en parte, reflejan alteraciones en la función moduladora del gen -en la secuencia de nucleotidos de un número de diferentes genes- que lleva a anomalías del mRNA y de proteínas. Es por esto que se puede pensar también que en otros trastornos psiquiátricos como en el trastorno de estrés post -traumático que es adquirido por la experiencia, es probable que se encuentre una alteración en la función de transcripción genética, es decir, en la regulación de la expresión genética. Tambien, también se puede pensar que hay individuos que son mucho más susceptibles a este síndrome debido a la combinación de genes que han heredado.

El desarrollo, factores hormonales, el estrés, el aprendizaje y la experiencia social son todos factores que pueden alterar la expresión genética, modificando los enlaces de los reguladores de transcripción de uno a otro y a las regiones reguladoras de los genes. Es probable que al menos en algunos trastornos neuróticos (o componentes de éstos) se encuentre que son el resultado de defectos reversibles de la regulación genética, la cual puede ser debida a alteraciones de vinculación de proteínas específicas a ciertas regiones que controlan la expresión genética. Es posible que también en la adicción a drogas y el alcoholismo ocurran defectos reversibles de la regulación de los genes.

El hecho de que los trastornos psiquiátricos mayores puedan ser conceptualizados como enfermedades del cerebro y que asimismo pueda considerarse la agrupación de múltiples factores en su ocurrencia, al igual que todos los otros trastornos que implican alteraciones de la función mental, abre nuevos caminos de investigación de las causas fundamentales, su prevención, formas de tratamiento. Esta redefinición en términos biológicos, vista en el contexto de un modelo biopsicosocial, disminuye en gran medida la estigmatización personal y pública que rodea las enfermedades mentales mayores (Price, Adams,Coyle 2000)

El papel de la psicoterapia. El aporte de la teoría psicoanalítica. ¿Logra la psicoterapia al igual que la farmacoterapia cambios funcionales y estructurales en el cerebro?
Una de nuestras indispensables herramientas de trabajo, la psicoterapia, es un proceso que logra cambios en la conducta de un individuo y por ende modificación de sus vivencias experienciales y la interacción con su ambiente a través del aprendizaje, de la acumulación de nuevas experiencias; al ocurrir dichas modificaciónes de conducta, deben haber ocurrido también alteraciones de la expresión genética que producen nuevos cambios estructurales en el cerebro. También esto tiene que ser válido para el tratamiento psicofarmacológico (Kandel, 1998).

Al considerarse estas evidencias de que la interacción de los genes y la relación con el ambiente a través de las experiencias a lo largo de la vida -pero en especial de las experiencias tempranas- tiene relación con la función y estructura anatómica cerebral, estos hechos parecieran vincularse y al parecer replicarse de alguna manera con lo que ocurre en un tratamiento psicoterapéutico.

Freud en su trabajo "Recordar, repetir y elaborar" (1914), señaló que lo que el paciente no recuerda, será repetido en la relación de éste con su analista. En otras palabras, la forma de relación con el analista da una valiosa información acerca de los conflictos inconscientes del paciente y sus relaciones significativas internalizadas (relaciones de objeto2).

Como vimos anteriormente, las actuales investigaciones sobre los procesos de la memoria nos permiten validar el concepto de Freud de la transferencia3 y las formas en que se desarrolla en el tratamiento y cómo es utilizado este fenómeno en términos de uso contemporáneo (Gabbard, 1999).

Las relaciones de apego tempranas son internalizadas4 y codificadas como memoria procesal. Gabbard cita a Amini (1996), quien afirma que la transferencia está relacionada en parte con la memoria procesal. Lo que se desarrolla en la relación entre el paciente y su terapeuta tiene bases importantes, aun cuando no en su totalidad, en modos de relación objetal habituales, automáticos y estereotipados, que reflejan la forma en que fueron formadas las relaciones de apego en los primeros años de vida.

Estas configuraciones de relación codificadas en la memoria procesal también son implícitas, debido a que operan fuera del conocimiento consciente; de una manera similar, las defensas5 pueden ser conceptualizadas como una forma de conocimiento procesal que se codifica en la regulación de estados afectivos asociados con relaciones de objeto internalizadas.

Se sugiere entonces que la transferencia es una nueva relación de apego que es capaz de reestructurar la memoria procesal o implícita de apego. Las relaciones prototipo pueden ser modificadas por nuevas interacciones con el terapeuta, lo que es internalizado por el paciente.

En este sentido Kandel (1999) cita el trabajo de Clyman, quien destacó la importancia de la memoria procesal en el contexto de la emoción y la comprensión de lo que ocurre en la transferencia y en el proceso del tratamiento psicoterapéutico de carácter dinámico.

Esta idea ha sido retomada por otros psicoanalistas (Fonagy, Target, 1997; Emde, 1998) (Stern, 1998) para sugerir que la forma en que ocurren los cambios en el proceso analítico no tiene que ver principalmente con la posibilidad de comprensión -insight- en el ámbito consciente, sino que más bien ocurriría dentro del dominio del conocimiento y conducta inconsciente procesal (no verbal).

Estos cambios que ocurren dentro de la relación transferencial entre el paciente y su terapeuta, de la interacción entre ambos, no requieren necesariamente que lo inconsciente se haga consciente, sino que se adquiera un nuevo grupo de memorias implícitas que a la vez lleven a cambios de conducta aumentando el rango de estrategias procesales para seguir progresando, en el sentido de nuevas estrategias para la acción que se reflejen en la forma como la persona interactúa con otras personas, incluyendo la relación transferencial y con su medio en general.

A través de la relación de afecto con el terapeuta es que se pueden realizar los cambios, ya que el aprendizaje afectivo implícito requiere de una experiencia afectiva vivida.

Si se piensa en que hay un doble circuito de memoria, que tiene su correlato emocional, se puede también pensar que hay ciertas experiencias que se inscriben directamente en el inconsciente sin pasar por la conciencia; resulta que en esos casos no es factible recuperar el recuerdo. De igual forma, la inscripción en la conciencia no sería capaz de deshacer totalmente lo que está inscrito en el inconsciente, aunque sí es capaz de modularlo (tal vez por intermedio de la corteza frontal, que modula la reacción emocional que tiene lugar en la amígdala). Esto implicaría que la psicoterapia requiere una doble forma de intervención, la ampliación de la conciencia y, como hemos venido viendo, la acción sobre el inconsciente.

Por lo tanto, no se puede decir que todo lo que ocurre en la transferencia está basado en la memoria procesal. La memoria declarativa, que implica fenómenos tales como creencias y expectativas más conscientes, también está involucrada en la transferencia con el terapeuta y en lo que ocurre en el tratamiento.

En ocasiones, la oportunidad de confrontar este grupo de creencias y expectativas, tanto conscientes como inconscientes, hace que la memoria implícita esté disponible para la reflexión consciente.

La destreza ganada a través de estos insight ayuda al paciente a su desarrollo, así como a la mejoría de sus relaciones objetales y a su autoestima.

De lo anterior también podríamos inferir que en trastornos como las neurosis y los trastornos de carácter, cuando el tratamiento psicoterapéutico es exitoso, debería ser capaz de producir cambios cerebrales tanto funcionales como estructurales, y el tratamiento con psicofármacos, cuando se amerita, debe ayudar a consolidar los cambios biológicos surgidos de la psicoterapia. ¿Cómo se podrían probar y monitorear esos cambios cerebrales en la psicoterapia?.

2 Relación de objeto: Término utilizado con gran frecuencia en el psicoanálisis contemporáneos para designar el modo de relación del sujeto con su mundo, relación que es el resultado complejo y total de una determinada organización de personalidad, de una aprehensión mas o menos fantaseada de los objetos y de unos tipos de defensa predominantes (Laplanche-Pontalis 1983).
3 Transferencia: designa el proceso en virtud del cual los deseos inconscientes se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de la relación establecida con ellos y de un modo especial, dentro de la relación analítica
4 Se trata de una repetición de prototipos infantiles, vivida con un marcado sentimiento en la actualidad(Laplanche-Pontalis, 1983).
Internalización es sinónimo de introyección: Proceso puesto en evidencia por la investigación analítica, en el que el sujeto hace pasar, en forma fantaseada del "afuera" al adentro objetos y cualidades inherentes a estos objetos. Guarda íntima relación con la identificación (Laplanche-Pontalis, 1983).
5
Defensas: Conjunto de operaciones cuya finalidad consiste en reducir o suprimir toda modificación susceptible de poner en peligro la integridad y la constancia del individuo biopsicológico. En la medida en que el yo se constituye como la instancia que encarna esta constancia y que busca mantenerla, puede ser descrito como "lo que está en juego " y el agente de estas operacione.(Laplanche-pontalis, 1983).