Familia: Herencia de Valores Éticos

Hijos
Siguiendo el ejemplo que vio en la casa paterna, Gilberto Rodríguez tuvo una amplia prole. Con su esposa Maritza González Soto, tuvo cinco hijos: Gilberto, Levy, Ayari, Yuruani y Andrés Eloy. El hijo mayor, Gilberto, es arquitecto graduado en la UCV y profesor en esta misma casa de estudios. Levy es técnico medio agropecuario, con experiencia en la cría de pollos y extracción de alimento para los animales. Ayarí estudió turismo y hotelería, pero se dedica al trabajo de la madera artesanalmente. Yuruani se dedica al cine y a la producción publicitaria. Y finalmente Andrés Eloy, está a punto de graduarse en Veterinaria y simultáneamente estudia en el conservatorio de música de Maracay.

Como vemos todos sus hijos heredaron la dedicación al estudio, el interés por carreras humanistas y el amor por la naturaleza. "Mi papá era el que iba determinando los caracteres y las vocaciones. Él como que olfateaba y trataba de estimular determinadas vocaciones. Todos tuvimos vocación para las artes, los animales, el campo…", recuerda el hijo mayor, Gilberto Rodríguez González.



Viviendo según sus ideales
En tiempos donde no abunda la coherencia entre el hablar y el hacer, sorprende la verticalidad ética presente en la vida del Dr. Rodríguez. Sus ideales de una sociedad solidaria, de ciudadanos iguales y responsables, fueron heredados sobre todo de su padre y expresados en la forma de crianza de sus hijos.

"Mi padre nos crió a nosotros con muchísima sobriedad, con extrema sobriedad. A todo el mundo le llamaba la atención que siendo un dermatólogo, además con las publicaciones, los viajes y todo lo que hacía, mi casa era siempre muy sencilla. Y de hecho tú ahorita vas a su casa donde él vivió su último año de vida en Aguirre, Estado Carabobo, y jamás te pudieras imaginar que esa es una casa de un ex ministro: una casa con pisos de tierra, de tierra cocida; las paredes frisadas de tierra; con techos de caña brava; la estructura es de madera; y además la construyó el mismo", explica Gilberto Rodríguez González.

La sobriedad presente en la crianza de sus hijos no fue un capricho de Gilberto Rodríguez, más bien fue deliberado para inculcarle unos valores distintos al del consumismo: el amor al trabajo, la responsabilidad y la solidaridad social, estaban por encima de las posesiones.

"Te voy a contar una anécdota - cuenta el hijo mayor del Dr. Rodríguez-. Cuando yo tenía 12 o 13 años, todos mis amigos tenían zapatos de goma nuevos. Y yo le dije a mi papá: - mira papá, hay que comprarme zapatos de goma… Entonces él me preguntó: - ¿Cuánto cuestan los zapatos nuevos?, - 130 bolívares… Sacó la cartera, sacó sólo 70 bolívares, y me dijo: - gánate la otra mitad. Entonces yo salí con los 70 bolívares para la calle a pensar de donde sacaba la otra mitad. Así es como me ingenie: hablé con un vecino, hablé con un amigo, empezamos a pintar casas, empezamos a podar jardines, empezamos a lavar carros. Entonces yo terminaba comprándome los zapatos, y además podía ir para el cine… El tenía el dinero completo para darme los zapatos; lo hizo con toda la intención de que yo descubriera que las cosas hay que ganárselas. Además esa era una frase acuñada por él: <las cosas hay que ganárselas.>"

Amante de la Naturaleza
Además de la dedicación a la medicina y a la lucha social, el Dr. Rodríguez Ochoa guardaba un amor profundo por la naturaleza. “Mi padre está sembrando y construyendo una casa simultáneamente desde que yo tengo uso de razón. Cuando yo era un niño de 5 años, mi papá estaba construyendo su primera casa él mismo con sus manos en El Junquito. Allí tenía su siembrita, tenía sus grandes árboles de fruta, matas,hortalizas y eso”,recuerda el hijo mayor del Dr. Rodríguez, arquitecto, profesor universitario y también llamado Gilberto.

El arquitecto Gilberto Rodríguez González, recuerda que el Amazonas fue para nuestro personaje un capítulo nuevo en su vida, un enorme descubrimiento. “Todos sus comentarios, los de él y los de mi mamá, todos eran comentarios de deslumbramiento. Él, aún trabajando en Maracay, fue a dar una charla para Amazonas; al regreso llegó excitado, contando y hablando mucho de lo que había visto y ya nunca más se sacó la idea de irse a Amazonas. Estando allí construyó una segunda casa hecha también por sus manos. Vivió 13 años en Amazonas, hasta el último día, deslumbrado,” dijo el hijo mayor del Dr. Rodríguez.


10 de marzo de 2002: despedida en el día del médico
Irónicamente siendo día del médico, el 10 de marzo del 2002, fallece el Dr. Gilberto Rodríguez Ochoa en un accidente vial.
“Este hombre aguerrido poseía hidalguía y valoraba la amistad por encima de las diferencias filosóficas. Puedo decir que fui su amigo y él fue un discípulo dilecto y un amigo leal. Gilberto era capaz de ternura y amaba la naturaleza, sobre todo la de nuestro país”, afirmó el Dr.Mauricio Goihman Yahr, Editor de la revista Dermatología Venezolana (Vol. 40, No 4, 2002).

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Fotos cortesía Arq. Gilberto Rodríguez