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Un escorpión usa su veneno para matar a
la presa (generalmente insectos) que va a comer y necesita tres
semanas para reponer su veneno. Si durante estas tres semanas
emponzoña a una persona, no tendrá suficiente veneno que
inyectarle. Esta es la razón por la que existen individuos que
han corrido con la suerte de haber sido emponzoñados y no haber
presentado síntomas de envenenamiento. Ninguna de las consejas
populares tiene efecto para contrarrestar la acción de este
veneno una vez ingresado al torrente sanguíneo y eso ocurre en
segundos.
Es importante reconocer los primeros síntomas de
este envenenamiento y NUNCA esperar que aparezcan para acudir a
un centro hospitalario. Los primeros síntomas luego del dolor
son: mareos, vómitos, sudoración y salivación excesiva,
taquicardia o bradicardia y dolores abdominales. Es recomendable
tener el suero antiescorpiónico en casa (si vive en un lugar de
alta incidencia escorpiónica) y llevarlo al hospital en caso de
un accidente.
El veneno de los escorpiones es un "cocktail" compuesto
por unas 80 toxinas diferentes, pero no todas ellas son venenosas
para el hombre. Apenas unas 10 actúan sobre nuestro organismo y
pueden ocasionar la muerte de un niño en pocas horas.
La
rapidez de estas toxinas para actuar en nuestro organismo se debe
a que ellas son sumamente pequeñas y viajan en el torrente
sanguíneo con mucha velocidad, hasta que llegan a sus sitios de
acción. El suero antiescorpiónico por el contrario contiene
moléculas de anticuerpos de tamaño relativamente más grandes,
por lo que llegan con más retardo a estos sitios de acción que
el veneno. De ahí la importancia de actuar antes de que
aparezcan los síntomas de envenenamiento. Un emponzoñamiento
escorpiónico se puede comparar con un tiro de escopeta, donde
varias toxinas se dirigen a diferentes órganos que le sirven de
"blanco" y los dañan muchas veces irreversiblemente.
Los órganos blancos más afectados son: corazón, páncreas y
pulmón.