Migración calificada vale por 10

Según explica Jaime Requena, “el problema [de la emigración de cerebros] gira acerca de la calidad del recurso humano que se pierde. El talento es, por definición, escaso”. “Cada vez que perdemos un médico, se pierde un profesional de alto nivel de preparación y con una conciencia de formación y actualización constante. Es un factor importante de bienestar sanitario para la sociedad y es un indicador de desarrollo, disertó Herrera.

Requena recordó que en el caso de los investigadores biomédicos, la emigración puede significar incluso la cancelación de líneas de investigación pues los cerebros que las desarrollaban ahora están en otro país. “Así pasó con la ‘crisis de los virólogos' en los años 80, en la que perdimos prácticamente una generación de conocimiento pues los expertos se fueron. Aunque hubo gente que dijo que no había fuga pues se tenía el mismo número de personas trabajando en ello, la verdad es que lo importante era la calidad del ausente”, relató.

Un médico estudia 6 años de pregrado más un año de rural, 2 años de residencia asistencial más 2 ó 3 años de especialización. Luego de eso vienen los doctorados o postdoctorados. “El costo que implica no menos de veinte años de escolaridad indica una fuerte inversión social, económica e individual, así como largos períodos de gestación, lo que significa que si estos individuos emigran de sus países de origen la pérdida es desproporcionada, entre otras cosas, por la relación tiempo-inversión”, explicó De la Vega quien hizo un aproximado de lo que cuesta formar un investigador médico: 60.000 dólares.

“La secuela de la pérdida de talento es que la sociedad deja de percibir el beneficio que le correspondía por los preciosos recursos (tiempo y dinero) que empleó en la formación de éste”, puntualiza Requena.