Antonio Ríos Fabra

“Una infección tiene tres costos básicos: físico, emocional y económico”


Todos los tratamientos estéticos implican una invasión del órgano más grande del cuerpo: la piel. Un desbalance en ella es la causa más frecuente de una infección en procedimientos de corrección de arrugas, colocación de implantes, lipoescultura y mesoterapia, en virtud de que el paciente no haya recibido una limpieza adecuada. Otra de las causas principales de infecciones es el uso de material contaminado durante el procedimiento, entre ellos el silicón, colágeno, biopolímeros, antisépticos, jeringas desechables o no esterilizadas.

“El porcentaje de infección en pacientes sanos y limpios debe ser inferior a 1%, es decir, menos de un paciente por cada cien debe infectarse cuando ha sido tratado con técnicas rigurosas de asepsia y antisepsia”, enfatiza Ríos Fabra. Incluso, la probabilidad de infectarse es mayor cuando la higiene se descuida y, a través de las heridas, se introducen cuerpos extraños que alteran el estado normal de la salud, burlan a las defensas del sistema inmunológico y son capaces de comprometer la vida de la persona con la combinación de síntomas locales (dolor, enrojecimiento, secreción de pus) y generales (fiebre, malestar, aumento de glóbulos blancos en la sangre).

La experiencia de este infectólogo en el campo de los tratamientos estéticos es variada. “Las infecciones por prótesis mamarias son las más comunes. En las pacientes se nota inflamación, enrojecimiento o secreción en las mamas, pero el problema más grave de este tipo de complicación médica radica en que la contaminación de las prótesis exige su retiro inmediato, en vista de que los antibióticos no tienen ningún efecto en ellas y, por tanto, la infección prevalece”.

Ríos Fabra puntualiza que las infecciones, como complicación médica, afectan la integridad física del paciente. De hecho, la necesitad de retirar el implante encarna un fracaso para el cirujano, la generación de nuevas cicatrices, la decepción de la paciente y un gasto adicional para ella, consecuencias que ilustran la trilogía de costos físico, emocional y económico a los que Ríos Fabra hace referencia al explicar que una complicación también es capaz de arrebatarle a la persona la felicidad de la apariencia lograda y producirle cicatrices indeseadas, provocando inestabilidad psicológica, baja autoestima y nuevos egresos derivados de tratamientos o reintervenciones.

Del mismo modo, ha atendido casos vinculados a mesoterapia, entendida como un método en la que se disuelve la grasa mediante inyecciones directas en el área afectada. En esos casos, “las pacientes han presentado efectos secundarios como infecciones, drenaje de pus en las zonas de las inyecciones, cicatrices grandes en las piernas y granulomas”. Estos últimos son la consecuencia más común y su apariencia va desde granos pequeños hasta lesiones grandes que pueden llegar a ser alteradas.

En la lipoescultura, las infecciones tratadas por el especialista se han originado por la introducción de bacterias mediante la cánula o conducto que transporta la grasa extraída, lo que significa que la contaminación es resultado de una deficiente antisepsia de la piel antes del procedimiento.

Ríos Fabra sostiene que los pacientes aumentan su propio riesgo de contraer infecciones. En primer lugar, lo hacen “al acudir a personal no autorizado ni capacitado para hacer este tipo de tratamientos que también constituyen un acto médico; por lo tanto, quien los ejecute debe ser un profesional de la medicina. Y en segundo lugar, al desconocer las sustancias que les colocan, las cuales muchas veces no son conservadas adecuadamente o son mezcladas con otras para prolongar su duración”.

De acuerdo con el infectólogo, la clave para crear una conducta preventiva en los pacientes está “en realizar una campaña informativa que los alerte, que les haga conocer los riesgos a los que se exponen cuando escogen a personas que no están capacitadas para practicar tratamientos estéticos y para alejar de sus vidas una decisión lamentable”.

A juicio de Ríos Fabra, en la organización de esa campaña el Ministerio de Salud y Desarrollo Social sería el ente que produciría mayor impacto a la hora de “controlar la situación, advertir e informar a la colectividad venezolana al respecto, puesto que la participación de otros organismos como la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas y la Sociedad Venezolana de Cirugía Plástica Reconstructiva y Maxilofacial, ha sido insuficiente”.

Por su parte, este especialista recomienda a las personas que antes de someterse a algún tratamiento estético se practiquen un chequeo médico integral para asegurarse de que su estado de salud es bueno. También sugiere la búsqueda de un profesional capacitado, la verificación de las condiciones del lugar donde trabaja y la continuidad del tratamiento con el especialista seleccionado, si los resultados fueron satisfactorios.


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