Política y Filosofía

“Nosotros pedimos la autonomía universitaria, porque queremos la Universidad dueña de sus propios destinos, ni sometida al gobierno del Estado, ni sometida tampoco a las corporaciones locales”, expresó Augusto Pi Suñer, en carácter de diputado de Cataluña, en un discurso en el Congreso Español pronunciado en abril de 1918. En estas palabras se refleja su carácter de republicano y demócrata, pero sus ideas no se circunscribieron únicamente al recinto universitario, habló también sobre las regiones españolas: “Nosotros, señores diputados, creemos que hasta que venga el pleno reconocimiento de la personalidad de los municipios, de la personalidad de las regiones naturales, no será posible aquella reconstitución de la vida española, que es, sin duda alguna, su garantía para lo porvenir” (1).

Pi Suñer fue diputado representando a la minoría de izquierda republicana, desde 1918 y por 5 años (3). Sus tendencias políticas le vienen de familia, pues ésta venía del campo laico, forjada en las rebeldías inteligentes y valientes contra la iglesia reaccionaria del siglo XIX (1). Su abuelo, Francisco Suñer y Capdevila, fue una figura republicana de relieve en la primera república española. La rebeldía de su abuelo se reflejó hasta en la muerte, pues fue enterrado en el cementerio civil del pueblo de Rosas. Cualquiera que se imagine un poco el escándalo que supone este hecho, en un pueblo catalán de fines del siglo XIX, se dará cuenta de los tiempos en los que creció Augusto Pi Suñer (1).

Nuestro personaje tuvo una activa vida política hasta 1931, cuando con la proclamación de la segunda república en España se dio cuenta de la urgente labor que le tocaba realizar en el campo científico y de la enseñanza (1). Su profunda preocupación sobre las relaciones del hombre con el mundo le inspiran a realizar una labor de redacción a caballo entre la literatura y la ciencia, llegando a rozar con la filosofía.

En 1942 escribe “La Biología comienza en la Física y termina en la Metafísica”. En 1945 publica “El Engaño de los sentidos”, obra que en 1954 le hará preguntarse si acaso también la lógica (el sistema racional de nuestra concepción) podría también engañarnos (1). En 1947 escribe la obra “El sistema neurovegetativo” donde afirma que la vida es unidad, síntesis e individualidad; que esa unidad se manifiesta en el hombre también en su personalidad; afirma que el hombre conoce y actúa porque esta constituido y porque constituye a su vez una unidad vital (1).

Más cercano a su vida familiar escribió varios textos inspirados en su tierra y en el pueblo de origen de su familia. En 1944 se edita en México “La novel-la del besavi” (La novela del bisabuelo), con la cual obtuvo el premio Fanstenrath en los Juegos Florales de la Lengua Catalana, celebrados en Bogotá Colombia en 1945. Y en 1957, también en México, se publica “Sunyer Metges, Pare i Fill” (Los médicos Suñer, padre e hijo) (1).

Un viaje que realiza a la India a comienzos de los cincuenta, para recibir un importante premio, le hace replantear su visión religiosa. Le preocupaba que el pensamiento cultural y religioso de Oriente y Occidente estuvieran tan distantes, y se preguntaba si existiría la posibilidad de lograr una síntesis que abarcara a los contrarios (1). Como vemos su visión de un hombre integral no sólo se circunscribía al cuerpo humano, sino a su pensamiento y espíritu. Fruto de estas reflexiones publica en 1951 el libro “The Bridge of Life”, y en 1956 una serie de artículos sobre las impresiones de su visita a la India. Sobre el libro “El Puente de la Vida”, uno de sus discípulos, el Dr. Marcel Granier Doyeux, dijo que era una obra “que se apoya de un lado sobre las bases de la realidad, cruza el curso de la vida y se pierde del otro lado del arcano” (1).