El caso de María Mercedes: "un castigo de Dios"

"Amar a Dios sobre todas las cosas" es el principio de María Mercedes, estudiante de educación en la UCAB. Ella, con apenas 21 años de edad, posee un gran conocimiento sobre el Señor, las oraciones y la Iglesia, que superan cualquier noción de un católico promedio: de ésos que ruegan sólo en situaciones difíciles.

Afirma que desde que "aquello" ocurrió sus rezos se han incrementado. Nunca pensó que "aquello" podría ocurrirle a ella. Justamente a ella, quien con sus mismas palabras dice: "a mí que nunca he sido una loca ni una promiscua ni nada por el estilo".

Pero, lamentablemente, el VPH también a ella la infectó y le produjo tanto lesiones clínicas como subclínicas, las cuales todavía no han terminado de ser erradicadas, a pesar de que a María Mercedes le detectaron el virus en diciembre de 1999.

Durante meses ella ha llevado la cruz de padecer esa enfermedad y a la par de sus sentimientos de vergüenza y de culpabilidad por haber caído en la tentación de mantener relaciones sexuales con su único ex-novio, ella está angustiada porque "por lo menos una vez al mes" asiste al ginecólogo para que sus lesiones sean tratadas, por lo cual debe faltar a su trabajo.

Ella teme que sus jefes la consideren una empleada improductiva y la despidan. Pero sus superiores no conocen el verdadero estado de salud de María Mercedes y ella prefiere que no se enteren: "ellos se preguntarán por qué me la paso en el ginecólogo. Quizá hasta piensen que estoy mintiendo, pero me moriría si ellos se enteraran de que tengo VPH".

De sólo imaginar que sus miedos se materialicen, a ella se le amarga su dulce rostro: confiesa que su sueldo sirve para mantener a flote un hogar compuesto de seis personas entre sus padres y sus tres hermanos. Afirma que el VPH ya ha resentido su situación económica, por el costo de las consultas y tratamientos, y se niega a aceptar que el virus también sea el causante de que se "quede sin trabajo"

El estigma del VPH

La ucabista no puede evitar sentirse marcada: el VPH le ha alterado por completo su vida. Confiesa que la detección del virus la ha alejado de su novio, aunque lo diga entre líneas y se esfuerce por afirmar que él nunca le brindó apoyo. El proceso de la ruptura, tal y como ella define el estado de su relación sentimental, lo evade durante la conversación porque esa separación significa el desenlace de una historia de amor de seis años.

A pesar de su reservado carácter, la estudiante libera de sus pensamientos una afirmación que muchos no entenderían. Ella cree que si luego de esta ruptura vuelven a encontrarse, su amor será bendecido por la iglesia. Pero es difícil que se vuelva a unir algo que ya deja de encajar. Como la muñeca de cristal que se quiebra, pareciera que el amor que antes sentía la pareja perdió una fundamental pieza. Y María Mercedes lo afirma indirectamente.

Si ella esperase tal matrimonio, no se preocuparía por lo que pudiera pensar un futuro compañero. El gran temor por el rechazo de personas cercanas siempre lo demuestra. María Mercedes no termina de superar esa suerte de vergüenza. El miedo de no vencer a las lesiones del VPH la atormenta. El hecho de pensar que el cáncer de cuello uterino pueda invadirla la paraliza. Sólo Dios conoce a la perfección las súplicas de una joven que nunca se atrevería a jurar en vano en el nombre del Señor.

El pecado y el perdón

Ella lamenta su falta de voluntad. María Mercedes está en el sendero de Dios y las relaciones sexuales antes del matrimonio no deben estar en ese camino. No obstante, como ella dice, se dejó llevar por ese lado humano terrenal y ahora paga, con resignación, ese pecado.

María Mercedes explica que su sufrimiento tiene una razón justificada. Hoy día lo acepta y dice "por qué no sufrir nosotros que somos mortales si Dios también sufre por nosotros". Para un activo católico, como es la joven ucabista, la voluntad del Señor tiene que ser siempre aceptada.

La joven no niega su conflicto con lo divino. Para María Mercedes, el VPH es su castigo por haber mantenido relaciones sexuales antes del matrimonio, aunque no niega como le reprochó a Dios su látigo. Aquella mañana del día decembrino de 1999 en que le fue diagnosticado el VPH, ella culpó al Señor y le dijo en pensamientos "¿Por qué me tienes que hacer esto?, ¿por qué a mí que soy tu sierva?".

No pasó un tiempo prolongado para que esa disputa con lo celestial cesara. Lo religioso es una parte de María Mercedes que difícilmente puede ser sustituido por el rencor que nació debido al "castigo" del VPH.

"Ayúdame Señor porque con mis fuerzas no puedo, ayúdame porque soy débil, ayúdame porque soy de carne, ayúdame a superar esto" es una de sus oraciones predilectas y la reza para gozar nuevamente de una perfecta salud.

Ella se siente marcada, y entre susurros afirma "mi vida cambió después del diagnóstico. Ya no soy igual y nunca seré como antes".