El rostro del virus

La obsesión del virus de papiloma humano por infectar a las personas tiene una causa justificada: él necesita las células de cualquier individuo para vivir. Biológicamente, los virus, en general, son considerados como entidades que se localizan entre lo vivo y lo muerto. Ellos necesitan a las células porque no son capaces de realizar sus actividades metabólicas de una manera independiente.

Más de 50 años han transcurrido desde que se descubrió el verdadero rostro del virus de papiloma humano gracias a los estudios de microscopía electrónica. En la actualidad se conocen perfectamente sus dimensiones: es pequeñísimo, con un tamaño muchísimo menor que un punto (.) y con una forma de un poliedro de 20 caras. Parece absurdo que algo con un diámetro de 0,000 000 055 mt o 55 nanómetros pudiera causar calamidades en "gigantes" de carne y hueso. Pero sí ocurre. Los infectados con VPH saben de las maldades que ocasiona el diminuto adversario.

Este virus tiene la capacidad de escabullirse de los soldados que defienden al organismo humano. El sistema inmunológico, normalmente, no reconoce al enemigo y deja que éste se hospede en indefensas células.

El VPH también es impredecible. Gloria Premoli de Percoco, odontóloga con una maestría en Biotecnología de la Universidad de California y directora del Centro de Investigaciones Odontológicas (CIO) de la Universidad de los Andes (ULA), explica que el virus, una vez dentro del cuerpo humano, puede alojarse de dos formas distintas. En una de ellas, el adversario infecta y gracias a la perenne división celular, de donde nacen nuevas células, se multiplica.

En la otra manera, el enemigo se inserta dentro del ADN celular, lo cual determina la transformación de la célula. Estos casos son los más peligrosos porque la célula adquiere nuevas propiedades y al dividirse, cada una de las células hijas de ésta tiene incorporado el genoma viral, lo cual implica una posible transformación maligna.

Cecilia Lozada, ginecóloga quien obtuvo su título de médico especialista gracias a un trabajo de investigación acerca del VPH, explica que el tiempo estimado entre la entrada del enemigo al cuerpo y la aparición de los primeros síntomas de la infección puede variar entre tres semanas y ocho meses. Sin embargo, la médico reconoce que pueden transcurrir años antes de que a una persona infectada se le manifiesten signos de la enfermedad.

Una gran familia

El VPH es una gran familia de miembros que no sólo son responsables de la enfermedad de transmisión sexual. Algunas cepas se han asociado con varios tipos de cáncer, entre los que figura el de cuello uterino, primera causa de muerte por cáncer en mujeres venezolanas, según reportan las cifras del Ministerio de Salud y Desarrollo Social.

María Correnti, doctora en Ciencias Biológicas y jefa del laboratorio de Genética Molecular del Instituto de Oncología y Hematología, adscrito al Ministerio de Salud y Desarrollo Social, afirma en la actualidad existen más de 100 tipos del virus. De toda la familia, sólo una pequeña porción se manifiesta frecuentemente en los seres humanos. Correnti explica que aproximadamente 18 tipos se diagnostican asiduamente en la zona genital de las infectadas, gracias a las técnicas especiales de biología molecular.

La diferencia de caracteres en la dinastía del papiloma humano se debe a las pequeñas distinciones moleculares, ya que las cepas del virus se diferencian unas de otras por la estructura de su ADN viral.

La literatura médica clasifica a los VPH como virus de alto, mediano y bajo riesgo, de acuerdo con la capacidad oncógena, es decir para producir cáncer, de los distintos tipos. Los virus de alto riesgo se caracterizan por su asociación con las lesiones pre-cancerosas o carcinomas invasivos; los de riesgo intermedio representan a los tipos virales que pueden encontrarse tanto en lesiones benignas, pre-malignas y malignas; mientras que los de bajo riesgo se distinguen porque producen sólo verrugas y condilomas, no considerados como co-factores para el desarrollo de cáncer.

Así los virus de alto riesgo están constituidos por los tipos: 16, 18, 31, 45, 55 y 56; mientras los de riesgo intermedio por 33, 35, 39, 51, 52, 58 y 59

Más no todas las infectadas con VPH conocen su riesgo oncógeno. La metodología diagnóstica que utiliza la mayoría de los ginecólogos para la detección del intruso, no permite descubrir cual tipo viral es el que está infectando. Sin embargo, los galenos sí saben de los lugares en la zona genital femenina, donde puede situarse el virus.

El territorio del virus

Como un buen general, el virus de papiloma humano ataca en diferentes campos, por lo cual sus manifestaciones pueden producirse en diversas zonas.

Sin embargo, en la mujer ocasiona mayores problemas dado que ésta posee un epitelio poco resistente a las maldades del diminuto adversario, a diferencia del de los hombres que sí sabe defenderse mejor de la enfermedad.

Juan Rivero Carrano, ginecólogo del Centro Médico Docente La Trinidad y quien obtuvo su título de especialización en la Universidad de Emory (Atlanta), explica que la enfermedad debe su nombre a "V por virus, P por papiloma, porque produce lesiones tipo papiloma o verruga, H por humano porque también puede manifestarse en animales".

El médico explica que la enfermedad puede situarse en tres distintos estadios: latente, subclínica y clínica.

Tal clasificación demuestra que al VPH le apetece, como a los niños, jugar a las escondidas. En este sentido, el virus puede manifestarse en forma latente, oculta, sin dejar rastros. Rivero Carrano afirma que sólo gracias a unas especiales técnicas de detección, como la reacción en cadena de polimerasa, el ginecólogo puede diagnosticar la existencia o no del virus.

Igualmente, el médico aclara que en la infección subclínica el ginecólogo pudiera sospechar la presencia del virus, aun cuando la mujer no vea ninguna alteración en sus genitales.

De cierto aparato se valen los ginecólogos para observar las lesiones internas que podrían ser producto de la infección subclínica. Con el colposcopio "que no es más que un microscopio que nos aumenta 40, 60, veces el cuello de la matriz, la vagina, la vulva," de acuerdo con Rivero Carrano, más la aplicación de una sustancia llamada ácido acético, pueden observarse lesiones, las cuales reaccionan al contacto del componente químico tomando un color blanquecino.

Las verrugas o condilomas acuminados en la zona genital externa indican que el VPH salió de la guarida. La manifestación de la infección clínica se observa por la propia vista, sin la necesidad de recurrir a aparatos especiales.

No necesariamente el virus se manifiesta en un solo estado de infección. El ginecólogo explica que pacientes infectadas con VPH pueden presentar lesiones tanto subclínicas y clínicas al mismo tiempo, de distinto tamaño y forma.

No por capricho las mujeres deben visitar anualmente al ginecólogo. El médico con post-grado en la Universidad de Emory alerta que un 70% de las manifestaciones del VPH son subclínicas, las cuales en su mayoría son asintomáticas. Sólo aproximadamente un 11% presenta síntomas, pero "el ardor, la picazón o el dolor crónico" que pudieran manifestarse en las infectadas, también se "presentan en otras diez mil patologías", según afirma el galeno.

Por su parte, Luis Spagnuolo, ginecólogo con experiencia investigativa en VPH y quien presta sus servicios en el anexo W del Instituto de Clínicas y Urología Tamanaco, mejor conocido como Urológico San Román, indica que esta enfermedad es multifacética, su información es extensa y de cada 3 pacientes, una padece del virus.

Spagnuolo afirma que "el papiloma no tiene síntomas como tal, a menos que haya infecciones secundarias asociadas con la infección". Admite que sí puede existir una sintomatología, pero "extremadamente escasa".