Develemos al oculto VPH

Si los organizadores de los Congresos mundiales sobre VPH tuvieran que buscar información acerca de la patología en organismos públicos venezolanos como es el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, constatarían por sus propios ojos, el nivel de desinformación acerca del enemigo viral en la nación suramericana.

Probablemente, los individuos extranjeros se dirigirían al espacio donde tendrían que estar las estadísticas sobre la incidencia de la patología en la población venezolana. Allí, en la oficina del Programa Nacional de Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), contradictoriamente, encontrarían confusión. En las cifras que lleva este organismo se separa al VPH del condiloma, aunque éste último sea una manifestación de la enfermedad viral, por lo que no debiera ser una categoría aparte.

Desconcertados, preguntarían la razón de la separación. La respuesta les sería dada por Sergia Cubillan, médico coordinador del componente de atención del programa nacional de Sida e ITS, quien ocupada en sus quehaceres burocráticos les diría con cierto fastidio, reflejado en su tono de voz, que muchos de los ambulatorios adscritos al Ministerio de Salud no pueden realizar ni citologías ni biopsias, por lo cual diagnostican la enfermedad gracias a la presencia clínica del VPH. Tan sólo esa respuesta diría a las personas ajenas a los males del sector salud de Venezuela cómo se desestiman los problemas que genera una inadecuada detección del intruso viral.

Ellos, al encontrarse en el organismo encargado de la prevención de las patologías que se transmiten a través "del amor", tal vez aprovecharían la ocasión para conocer sobre los programas de información masiva en torno al virus. En esta oportunidad, les respondería Fedor Fernández, coordinador del programa de educación de ese despacho, quien agregaría más impacto a las experiencias de estos individuos.

Fernández, cordialmente manifestaría que "no es cuestión de campaña sino de la misma persona". Él les diría que en toda charla, curso o taller, dirigido por el ministerio, lógicamente, se informaría sobre la prevención de toda enfermedad de transmisión sexual, no sólo del VPH. Mas él considera que a la gente "eso le entra y le sale por un oído".

Les afirmaría que existe "uno que otro folleto" que menciona las enfermedades de transmisión sexual más importantes, en donde se encuentran la gonorrea, la sífilis, la hepatitis b, el Sida y el VPH. Mas no existe una campaña de prevención oficial para ninguna de estas enfermedades, aunque el mismo Fernández reconozca que el virus de papiloma humano es un problema de salud pública en Venezuela.

Abrir bien los ojos

Leoncio Barrios, el psicólogo con el doctorado en Educación y ex-director del Programa Nacional de Sida e Infecciones de Transmisión Sexual pudo haber explicado a los extranjeros la causa del subregistro del VPH.

Barrios indica que los servicios públicos han sido catalogados como lugares a donde se dirigen las prostitutas para certificar que su organismo no padece de ninguna ETS, con el fin de poder seguir ejerciendo uno de los oficios más antiguos del mundo. En este sentido, explica que muchas mujeres no acuden a estos espacios, por lo cual las cifras oficiales no reflejan la incidencia del VPH, a pesar de que todo caso de enfermedad de transmisión sexual debería ser reportado al Ministerio de Salud. Mas eso es una utopía porque ni las clínicas privadas ni los hospitales que no están adscritos al organismo informan sobre el número de personas a quienes les detectan las temibles patologías.

Quizá si estos individuos hubieran visitado el territorio de la UCV, hubieran sentido que el viaje, en parte, valió la pena. Beherenis Alfonzo, coordinadora de Investigación del Programa de Prevención del VPH del servicio médico de esa alma mater, está al tanto de la diseminación del VPH en los jóvenes, por lo cual trata de crear consciencia en las ucevistas gracias a una adecuada información.

Las actividades preventivas en torno al VPH están representadas por un tríptico elaborado por los profesionales de OBE, un folleto patrocinado por la división Sida e ITS del Ministerio de Salud, un video acerca del VPH y charlas de prevención dirigidas los estudiantes universitarios.

Barrios, en otro lugar, recomienda a los jóvenes que se cuiden. El investigador venezolano y ex-director del Programa Nacional de Sida e ITS, aconseja la forma de evitar un embarazo y una Enfermedad de Transmisión Sexual.

Como el investigador conoce que la píldora anticonceptiva es la preferida por ambos sexos, advierte que su uso debe depender de dos condiciones: la confirmación certera de que ninguno de los miembros de la pareja padezcan de una patología sexual y por el establecimiento de un compromiso mutuo.

Según explica Barrios, el primer requisito se cumple con la realización de exámenes médicos que confirmen la inexistencia de cualquier virus y el segundo con la palabra de los integrantes de la pareja, quienes pacten no mantener relaciones sexuales con terceras personas sin el uso del preservativo.

Pero, estos consejos no los saben muchos. La ausencia de una campaña preventiva oficial hace que se desconozca al VPH, por lo cual éste sigue diseminándose.

El anonimato acompaña al virus. Las mismas infectadas enmudecen: no quieren hablar de su patología porque les avergüenza padecer de una enfermedad de transmisión sexual, a pesar de que, probablemente, el VPH en Venezuela sea la patología transmitida por la vía del amor más común, como lo es en Estados Unidos.

No son simples y molestas verrugas y condilomas. El VPH genera repercusiones psicológicas, psiquiátricas y hasta sociales, que muchos ignoran, o por el contrario, si bien las conocen, les restan importancia. Quien dude de las tempestades emocionales a raíz de la detección del virus, sólo tiene la gran tarea de encontrar una infectada, que esté dispuesta a narrarle francamente su experiencia con su enfermedad.

El VPH, en nuestro país, se vale de la desinformación para continuar su reinado en el mundo de la confusión. Es inaudito que algunos ginecólogos, no conozcan características propias del virus – no vive fuera del cuerpo humano, por lo cual no se transmite por contacto con objetos inanimados "contaminados"– o sabiendo su carácter sexual, cubran la vía de contagio del VPH para no ocasionar problemas de pareja.

No debe olvidarse que determinados tipos de VPH, como son el 16 y el 18, se encuentran alrededor de un 90% en las lesiones pre-malignas y de cáncer de cuello uterino. La malévola personalidad de algunas cepas del virus para ayudar al desarrollo de la temible patología cancerígena, que de no ser diagnosticada a tiempo puede llegar a ser mortal, demuestra que el villano no es un virus inofensivo, por lo cual debe ser atacado con las armas de la prevención y educación.

En Venezuela las cifras se toman a la ligera, por lo cual es imposible conocer cuántas personas padecen del VPH. El virus se ríe de los números oficiales, que deberían reflejar su incidencia en la población, y agradece a la mayoría de los laboratorios anatomo-patológicos que no lleven sus propias estadísticas.

No obstante, le amarga que la mayoría de los ginecólogos entrevistados para este reportaje hayan reconocido que el VPH es la principal causa de sus consultas ginecológicas, o en su defecto, una patología bastante común, en especial entre las jóvenes.

Debemos crear consciencia. El VPH es una patología que no tiene prejuicios ni para infectar ni para ocasionar graves daños en el cuerpo humano. Muchos jóvenes olvidan los riesgos de mantener una vida sexual activa sin protección y se convierten en víctimas potenciales para que el virus entre en sus organismos. No permitamos que el VPH se continúe diseminando silenciosamente.