-
La
ciencia no puede encerrarse en sus propios supuestos, como ejercicio de
nuevas órdenes monacales, aislada de la sociedad y de la lucha por
apropiarse, para unos pocos, de sus resultados.
-
Lo
mejor de la historia de la tradición científica es la historia
de quienes, con desprendimiento, tolerancia y equidad, escogieron poner
sus resultados al servicio de mayorías y no de grupos o naciones
seleccionados por ningún principio de supuesta superioridad.
-
El
libre mercado no asigna necesariamente con eficiencia los recursos necesarios
para la investigación y la innovación tecnológicas.
Es indispensable complementar los mecanismos de mercado con el apoyo del
Estado para estimular la investigación en aquellos sectores de la
sociedad que no pueden expresarse a través del mercado, o estimular
sectores estratégicos vinculados a nuevas tecnologías.
-
Para
poner en marcha estrategias de promoción de la ciencia y la tecnología,
se deben crear estímulos para la asignación de mayores recursos,
para la vinculación entre sector productivo, instituciones y núcleos
de investigación, y para la utilización del conocimiento por
parte de la sociedad.
-
El
conocimiento es un bien público: su generación y utilización
por cualquier agente económico no disminuye en principio su disponibilidad
para otros agentes. Si los resultados de la investigación en algunos
bienes es patentable, la generación del conocimiento es universal.
-
El
tema de las patentes y de la propiedad intelectual es de gran sensibilidad
en las actuales negociaciones internacionales. Hay consideraciones éticas
atinentes a la apropiación individual de bienes. Éstos, por
su naturaleza, están llamados a cumplir una evidente función
social en países donde la carencia de medios para acceder a los beneficios
de las nuevas invenciones arriesga sus propias vidas. Existen bienes para
la prolongación de la vida, cuyo uso es de interés general,
y debe primar sobre su apropiación particular monopólica.
-
No
podemos permitir que se nos excluya como grupo humano del derecho que tenemos
de proyectarnos al infinito. El futuro es de nuestra incumbencia. Porque,
ciertamente, como decía Pasteur, si la “ciencia no tiene patria,
el investigador científico sí”.